En los últimos años, se ha estado hablando de lo que se ha dado en llamar economía gig, como una de las formas del empleo en la economía moderna. El término gig proviene, según una de las versiones más difundidas, de la época en que los músicos de jazz se ganaban la vida con el dinero recibido en esporádicas presentaciones. Algo que persiste hasta el día de hoy en el mundo artístico y que se ha hecho extensivo al resto de los sectores laborales.

economia gig

Un estudio de la consultora McKinsey arrojó que un 27% de los trabajadores en Estados Unidos y Europa forma parte de esta tendencia. En el caso de Estados Unidos, una encuesta realizada por el Sindicato de Freelancers y la organización Upwork detectó 55 millones de personas que trabajan por cuenta propia. Pero no sólo eso. Dos tercios de los encuestados dijeron que eran independientes porque no tenían otra opción.

Algunos vinculan la economía gig con la economía compartida (sharing economy). Sin embargo, aparte de haber nacido, antes de que se hablara de esta, a veces parece más bien de carácter individual y en ocasiones, corporativa, en vez de compartida.

Lo que si parece que le ha dado un gran impulso, es la digitalización de las comunicaciones, la facilidad de conexión a través de internet. Plataformas como Get That Gig y TaskRabbit, brindan la oportunidad de realizar trabajos para los que una persona puede estar preparada: codificadores de programas de computación, diseñadores gráficos, etc., desde cualquier parte del mundo, generalmente pagada en divisas reconocidas o criptomonedas, lo cual puede incrementar sustancialmente su poder de compra y, por ende, su calidad de vida.

Asimismo, nuevos emprendimientos como Uber y Airbnb, para sólo nombrar los más conocidos, en sus modelos de negocios incorporan, predominantemente, el trabajo ocasional y voluntario de sus asociados.

Economia Gig: Resistencia al cambio

Los “tradicionalistas” o quienes se resisten al cambio, se oponen a este tipo de trabajo y tratan de encasillarlo en los esquemas tradicionales de la relación laboral: “inamovilidad”, prestaciones sociales, servicios de salud y hasta jubilaciones. Sin embargo, la propia dinámica de la economía y la incapacidad de los modelos existentes de garantizar suficientes empleos y una remuneración digna a los trabajadores, obligan a éstos a buscar otras opciones y una lo es, la economía gig.

Si bien la mayoría de los trabajadores aún se rigen por acuerdos tradicionales, la mayoría de los nuevos puestos desde 2001 en Estados Unidos, por ejemplo, son de este tipo. Esto implica un cambio radical con respecto a la situación laboral de los años 90′, cuando las tasas de desempleo eran bajas y los empleadores debían ofrecer contratos indefinidos. Con la recesión de principios de 2000 y la recuperación, los contratos han cambiado en Estados Unidos y, lentamente, en el resto del mundo.

Hoy en día, esto afecta todos los círculos laborales, incluso el académico, donde muchos profesores trabajan a tiempo parcial o son adjuntos y pueden ser despedidos cuando las instituciones lo consideren (en Estados Unidos los profesores titulares con más de 10 años de trabajo en el centro de estudios no pueden ser despedidos). La educación superior es uno de los sectores laborales de Estados Unidos que ha sufrido uno de los incrementos más altos en el trabajo gig.

Actualmente, entonces, los profesores a tiempo parcial y adjuntos representan la mayoría del personal académico de las universidades estadounidenses, y la tendencia parece estar trasladándose al resto del mundo, principalmente a raíz de la crisis de 2008 y los problemas de financiación de las instituciones. Ya, en Estados Unidos, este grupo de profesores representa más del 70% del personal docente de las universidades y enseñan más de la mitad de los cursos.

Por otra parte, el mercado de trabajo freelance y por contrato Upwork, percibe aproximadamente 1 mil millones de dólares anualmente en trabajo independiente que pasa por su sitio, y está en una posición única para captar las tendencias y detectar lo que ocurrirá en el mercado tecnológico, antes de que llegue a ser mainstrean. Según ellos, el 60 por ciento de los trabajadores independientes está optando por hacerlo voluntariamente, en lugar de ser forzado por necesidad. Eso le da a las empresas mayor acceso a un grupo de talentos más flexible y altamente disponible que no está restringido a un área geográfica específica.

El modelo de negocios de donde disrumpe la economía gig, desarrolla aún más la potencialidad de las personas, pues les da la posibilidad de cumplir el rol múltiple de empleado fijo, empleo part-time y de empresario, al mismo tiempo, pudiendo de esta manera poner en práctica sus conocimientos en varias áreas técnicas, tecnológicas, científicas, gerenciales y empresariales.

La imbricación de la relación laboral tradicional, con la generada por la economía gig y la implantación del Ingreso Básico Universal (UBI, acrónimo de Universal Basic Income) debe traer consigo una disminución de la inequidad y, por ende, el mejoramiento de las condiciones de vida de toda la sociedad.

A pesar de la resistencia de los nuevos luditas, quienes destrozaban maquinarias durante la primera Revolución Industrial en Inglaterra, por considerar que les quitaban fuentes de trabajo; la nueva economía gig, sustentada en el desarrollo tecnológico y de las telecomunicaciones, el cual ha jugado y juega un papel vital en la solución de los problemas materiales de la humanidad, debe continuar avanzando, a la par que surgirán nuevas relaciones de producción y distribución que, definitivamente, permitan alcanzar un estadio exponencial de abundancia de bienes y servicios para el disfrute de todos.

 

Maracaibo, 15 de octubre de 2017
Econ. Efrén Gutiérrez                      – @efrengut                             – efrenguti@gmail.com